Sobre la huerta de Alboraya


Palmeras, junto a la ermita de VilanovaMi abuelo , José Martí Biot ("Pepe el de Martí"), fue agricultor. Siempre iba con su carro y su caballo, de casa al campo y del campo a casa, vistiendo su típico blusón, su boina, su negro fajín alrededor de la cintura y fumando a hurtadillas ese pitillo de tabaco picado, liado en el papel de un usado librillo. Nunca una palabra de más, siempre largos silencios, y en sus ojos una mirada sabia y cansada, en su cara surcos labrados por el tiempo y el sol de esta tierra. La aspereza de sus manos se había ido curtiendo a base de azada y capazo, con la tierra y el sudor, con esfuerzo, con entrega, y con un gran amor a cada gramo de ese rico campo que pisaban sus "caretas" (típico calzado de la huerta, a modo de zapatilla anudada, que obviamente ya casi ha desaparecido).
Recuerdo que era imposible irse de casa de mis abuelos, como de tantas otras casas del pueblo donde vivían labradores, sin llevarse algo de la huerta que había sido recogido hacía poco de la misma mata, fresco y jugoso. Pimientos, cebollas, patatas, lechugas... cualquier cosa que hubiese. Siempre era como un regalo, una forma de compartir lo mucho o poco que pudieran tener.
Ése es el espíritu de las gentes de la huerta, con un carácter siempre hospitalario, desprendido, generoso. Gentes que han mimado sus campos, mirando cada noche al cielo y rogando a Dios que nada estropease su cosecha.

No digo que los labradores de esta tierra sean mejores ni peores que los de muchas otras tierras en este y otros paises del mundo, ... pero el alma del valenciano de esta parte de la huerta dorada por el sol y mecida por la brisa de este mar Mediterráneo guarda en sí un precioso tesoro.

Las vías de FGV (Metro), partiendo a Alboraya en dosTambién mi padre trabajó de joven los campos de esta tierra, aunque tuvo a su vez, como yo mismo, unos padres que se preocuparon de que tuviese "algo más", eso sí, sin olvidar su origen y el valor de esta tierra. Por eso ha sabido llevar dentro la herencia de amor a la tierra, herencia que, con los obstáculos de la vida actual, yo mismo he de recoger e intentar trasladar a los que vengan detrás.
En nuestra época, pocos son los que continuan la labor en la huerta, que hoy en día es a bien seguro menos dura que antaño y quizá más segura, pero todos seguimos queriendo prosperar, mejorar nuestra calidad de vida, tener más de eso que llamamos "poder adquisitivo"...., prosperar...
Sí, hemos prosperado, hemos adquirido mayor cultura, hemos evolucionado en nuestro modo de vivir y de aprovechar las cosas..., pero no por ello tenemos que dejar de cuidar las cosas importantes que constituyen un legado de nuestros abuelos, de los abuelos de nuestros abuelos, de muchas generaciones.

Una bella imagen de la huerta de AlborayaLa huerta de esta parte de Valencia parece condenada a morir en una lenta agonía. El agricultor actual explota la tierra cada vez más obligado a exprimirla, a sacarle el máximo rendimiento, y a veces en su vano intento acaba por sentirse derrotado o tentado por sumas de dinero que le hacen olvidar su pasión por esta tierra. Hermosos campos que han rodeado el pueblo de Alboraya se han ido extinguiendo, como si de una especie amenazada se tratase, hasta que excavadoras y grúas han convertido una visión de postal en un gigantesco bloque de hormigón, en una gasolinera, en una casa de verano o en cualquier cosa que ya no recuerda ni por asomo la belleza de los campos.

Pintadas a favor de la defensa del CarraixetCarreteras que se dice son necesarias para que el tráfico hacia y desde la capital sea más fluido son la negra nube que ahora se cierne sobre esta fértil huerta. Diversas políticas sobre infraestructuras, red viaria y urbanización del suelo son el veneno que está matando la tierra y la venda en los ojos de muchos de nuestros políticos...., mientras, nuestra huerta se reduce poco a poco, y "el progreso" quiere que la olvidemos, atentando de paso contra algo tan típico como es nuestro Carraixet, cuyas aguas besan las del Mar Mediterráneo en estas tierras.

Pintadas a favor de la defensa de la huertaQuien quiera sentir una sensación inolvidable, que se venga a la poca huerta que queda en Alboraya, que pasee por los caminos y roce con sus manos alguna planta, que se regale los ojos con la vista de los campos multicolor, esos campos llenos de luz y de sol, verdaderas "postales" que nos regala esta tierra a la caida del sol, por la tarde.
Para mí, así como para muchas personas que admiran la huerta, lo más valioso de Alboraya siempre han sido sus campos. El pueblo es un pueblo más, sin nada especial que le haga destacar, querido por los que hemos nacido y crecido aquí como cualquiera siente amor por su tierra, pero el verdadero tesoro de Alboraya y la cosa más preciosa que posee y ojalá posea siempre son sus campos, estallido de color y de vida, ...sus campos y aquellos que los llevan en el corazón.

Que Alboraya sea "Cuna de la horchata" es algo que nos honra, pero podría decirse que es casi anecdótico, aunque le haya dado fama y haya llevado su nombre muy lejos de aquí. La riqueza que genera la horchata está sólo en manos de unos cuantos, y hay quien piensa equivocadamente que más de medio pueblo vive de ella ... sin embargo nuestra huerta, los campos, que aunque tengan dueño son un poco de todos, son un regalo para la vista y paz para el espíritu, como un "parque natural", como un hermoso jardín en el que tomar contacto con las cosas sencillas de la vida y respirar algo diferente a lo que respiramos en la vorágine diaria de la "modernidad" en la que vivimos. De ese "progreso" en el que vivimos.
Es muy triste que algo tan valioso tenga que morir, es lamentable que aquella sonrisa que yo veía en los labios de mi abuelo, cuyo espíritu, como el de tantos buenos hombres, quisiera plasmar en estas líneas, no pueda repetirse dentro de otros 30 años, ... o de 300.

Querido/a amigo/a quien quiera que seas, leyendo este texto, si no has sentido alguna vez la ternura por los campos, si no has sentido la maravilla de su aroma, si no conoces la luz de sus colores..., acércate a Alboraya, antes de que la huerta sólo sea un recuerdo en fotografías de un álbum, o de una página perdida en esta gran Red, y, después de saborear nuestra rica horchata, disfruta de la belleza de sus campos, piérdete un rato en ella y siente su mensaje.

José Miguel Martí


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