El Miracle dels Peixets



La Ermita dels Peixets, junto a la desembocadura del CarraixetFuente: "Ermitas de la Comunidad Valenciana - I", Matilde Pepín, Carena Editors 1996.

Cuenta la tradición que, en el año 1348, el cura de Alboraya fue solicitado en Almácera para administrar el viático a un morisco converso llamado Hassam-Ardá; era el tiempo de las tormentas otoñales, cuando el Carraixet se había hecho fuerte con el caudal que recibía de los afluentes de la Sierra Calderona, arrasando cuanto encontraba a su paso. El sacerdote intentó cumplir su misión, ya que en aquella época el pueblo de Almácera dependía eclesiásticamente de Alboraya.

Desembocadura del Barranco del Carraixet. Foto J. Dolç ("Tío Canya") - Alboraya 1973

Como no encontraba quién se ofreciera a acompañarlo en tan desafortunado día, el mosén decidió salir sólo para administrar los auxilios esperituales a su moribundo feligrés. Cubierto con un largo manteo negro, debajo del cual bien sujeta al cuello portaba una bolsa que contenía la pyxis con tres Formas Consagradas, se colocó la teja en la cabeza y emprendió el camino a pesar de las inclemencias del tiempo.
Vadeando el barranco, cuyo caudal aumentaba por momentos, con una mano sostenía el sombrero, que el viento tormentoso amenazaba arrebatarle, mientras que con la otra apretaba el pecho fuertemente, protegiendo el Pan Eucarístico. La tormenta arreciaba y la lluvia hacía tan fangoso el camino que, resbalándose, cayó en las turbulentas aguas que lo arrastraron un buen tramo, hasta que consiguió agarrarse a unas ramas de adelfas, logrando salir. Cuando se encontró a salvo, comprobó acongojado que el porta-viático había desaparecido en el lóbrego caudal. Al oir los gritos del cura, salieron los vecinos de Almácera y, vadeando una y otra vez el barranco, encontraron la caja de la comunión flotando, abierta y vacía. Los feligreses, desolados por tan terrible suceso que calificaban de castigo divino, y creyendo que les traería funestas consecuencias, decidieron reunirse en la iglesia y rezar letanías para pedir clemencia.
A la mañana siguiente, el sol lucía y la tierra húmeda exhalaba un vaho límpido que emanaba de los campos de naranjos, maltrechos por la pasada tormenta. En la playa de Alboraya, un grupo de pescadores preparaba sus barcas para salir a faenar, cuando unos niños llegaron corriendo con la insólita noticia de que unos peces grandes jugaban en la orilla del mar, llevando en su boca unas cosas blancas. Acercáronse los hombres al lugar y comprobaron que, efectivamente, hacían piruetas y que cuando ellos intentaban cogerlos se adentraban en las aguas con tal rapidez que les era imposible capturarlos. Admirados por el prodigio, avisaron al párroco que, revestido con capa pluvial y acompañado de monaguillos, llegó al lugar de los hechos. El suceso se había divulgado y la playa se había llenado de gentes curiosas. Cuando el sacerdote se acercó a la orilla, aparecieron los peces con las Sagradas Formas. La muchedumbre, arrebatada de un fervor colectivo, rezaba y gritaba... ¡Milagro! ¡Milagro!... Y en aquel mágico momento, los tres hijos de la mar, cual si de ángeles se tratara, con delicadeza, depositaron sus trofeos en el vaso sagrado que el mosén, trémulo y sin dar crédito a lo que estaba viendo, sostenía en sus manos. Luego, según cuenta la leyenda, haciendo sendas inclinaciones, desaparecieron en el Mare Nostrum.

La preciosa estampa que componen la Ermita dels Peixets y el Carraixet En aquel mismo lugar se edificó la blanca ermita, para dar testimonio, y desde entonces, cada año, el lunes de Pentecostés, se acude en romería al lugar, para conmemorar el extraordinario portento. Misa, sermón y canto de Gozos, son los actos celebrados en honor del Espíritu Santo, y allí se acude para pedir luz, cuando se tiene un problema difícil; pero también es luz y amor cuando se desea solucionar un problema amoroso. En esta tierra mediterránea donde la religión y el esoterismo se funden y confunden, sin saber donde acaba la fe y empieza la superstición, las mismas personas que por la mañana manifiestan su fe en los actos religiosos, celebran por la noche rituales paganos.


Mosaico exterior
colocado en pared lateral exterior de la Ermita dels Peixets.

Conmemoración 650 aniversario, 1998 (lateral exterior Iglesia parroquial) Mosaico exterior colocado en pared lateral exterior de la Ermita dels Peixets














Conmemoración 650 aniversario, 1998
(en lateral exterior Iglesia parroquial)


Las mozas que sufren mal de amores se acercan a la playa para iniciar, a las doce en punto de la noche, el ritual que hará realidad sus anhelos. Caminando descalzas por la arena, pisando el agua, hacen durante nueve días la siguiente invocación:


Por los Dioses de los mares
Y la Santísima Trinidad
Que me entre el bien
Y me salga el mal

Por el Dios de los Aires
De la Tierra y del Mar
El hombre que yo quiero
Me tiene que amar

Por los tres Dioses juntos
Que en lo alto están
Las Gracias que pido
Se me concederán.




Alboraya y Almácera históricamente ¿unidos o separados? por el milagro.

Es bien conocida en la comarca la histórica discusión existente entre los pueblos de Alboraya y Almácera en torno al milagro. Mientras que en Alboraya se cuenta el relato indicando que eran tres peces los que sacaron las sagradas formas con su boca, en Almácera siempre se habla de dos. Esto, que a cualquiera puede parecerle una nimiedad (y en realidad lo es) ha sido desde antaño motivo de cierta rivalidad y de algunas quimeras entre vecinos de las dos localidades. Cuentan los viejos del lugar que siempre hubo esa especie de "pique", característica harto conocida entre muchos pueblos limítrofes de toda la geografía española y máxime cuando se alimentaba el fuego de la discordia con temas como el milagro. Algún que otro joven del pueblo acudió a las orillas del Carraixet, liándose a pedradas con los de la otra orilla, actos que sin embargo estaban más cerca de constituir un peligroso juego que una hostilidad real, aunque no por ello justificables.

Curiosamente, el milagro fue el acontecimiento que provocó o ayudó de alguna manera al nacimiento de Almácera como pueblo. Allá por el año 1348, cuando como sabemos aconteció el gran evento, lo que hoy es Almácera constituía una partida de Alboraya. El milagro propició el nacimiento de una Parroquia independiente de la de Alboraya, hecho que puede constatarse documentalmente si acudimos al número 84 del Registro de Colaciones de la Curia Episcopal Valentina (1349-1350), publicado en el Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura de abril/junio de 1991 y en el que se detalla que en abril de 1349, poco después de ocurrir el milagro, el obispo de Valencia ordena la investigación del pleito que sostenían los pueblos de Alboraya y Almácera. Más adelante, en el número 158 de este mismo registro, puede verse que el obispo encargó a la misma persona que realizó la comprobación oportuna que atendiera a la nueva iglesia creada en término de Alboraya, reconociendola como vicaría. Ya que se puede demostrar que el 14 de julio de 1349 ya existía una iglesia para los feligreses de Almácera (vinculada aún a la de Alboraya), hay que colocar el nacimiento de la misma, que se dedicó al Santísimo Sacramento, entre la fecha del milagro y ésta última.

Los datos del milagro y sus acontecimientos posteriores más cercanos se conservaron por la arraigada tradición oral a ambas orillas del Carraixet, así como por la conservación de las reliquias más importantes: las arquetas y el Sagrado Cáliz. Todo esto se documentó más tarde en forma escrita e iconografías en ambos pueblos. Estos dos pueblos, ya diferenciados, también trataron de apropiarse de este hecho importante del milagro, ya que constituía algo trancendente que marcaba su idiosincrasia.

Lo importante del milagro no es el número de peces que participaron, sino el hecho teológico en sí mismo, como remarcaba en su artículo publicado el "El Periódic d'Alboraya" (número 67 julio/agosto 2001) el Párroco de Alboraya, Don José Vicente Olmos Martínez. Todo lo demás constituye un gesto humano de esfuerzo por diferenciarse, por hacer suyo algo que en realidad nos une y nos diferencia al mismo tiempo.

 

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